En esta nota de InteriorDecoración vamos a hablar sobre el altillo o ático.
El ático es el espacio habitable ubicado directamente debajo de la azotea de un edificio. En edificios modernos se carece de áticos, dejando utilizable el último apartamento como un penthouse, de diseño y lujo muy exclusivo. También se hallan en grandes casas, en la parte superior.
Algunos áticos son reutilizados como dormitorios y oficinas, perfeccionados con escaleras y ventanas, aunque la mayor parte permanece con difícil acceso y son usualmente utilizados como almacenes.
Si existe un habitáculo con historia, rodeado de fantasía y todo tipo de leyendas novelescas, ese es la buhardilla. En ella se han refugiado grandes escritores, bohemios y jóvenes revolucionarios convencidos de que podían cambiar el curso de la historia. La última planta de los edificios de las grandes ciudades, estuvieron reservadas en el pasado a la servidumbre doméstica que, por falta de recursos, se vieron obligados a habitarlos. La mejor prueba de que era la parte innoble del edificio.
El ático además ayuda al control de la temperatura, al proveer de una gran masa de aire inmóvil. El aire caliente ascendente desde los niveles inferiores del edificio a menudo queda atrapado en el ático, creándoles la reputación de sitios inhóspitos, pero ésto claro se puede evitar con la instalación de varias ventanas en él permitiendo que ingrese el aire y se ventile. Sin embargo, en años recientes, algunos han sido aislados para ayudar a disminuir los costos de la calefacción.
En la actualidad es el espacio más cotizado y glamoroso de cualquier construcción, vieja o nueva, de una gran ciudad. Gracias a la aparición de materiales y complementos capaces de contrarrestar los inconvenientes medioambientales que conlleva habitar un último piso, las buhardillas y los áticos no sólo se han puesto de moda sino que se asocian con calidad de vida.
Se entiende por buhardilla el espacio comprendido entre el tejado y el techo más alto de una casa, destinado a protegerla del frío, del calor y del sol. Actualmente, ya no se construyen edificios con huecos vacíos en el tejado y quedan muy pocas viviendas antiguas que lo conserven.
La revalorización de las buhardillas ha sido de tal calibre que hacerse una de ellas constituye todo un triunfo. Es el nuevo símbolo de estatus de las clases adineradas y lugar elegido por jóvenes arquitectos y nuevos diseñadores para mostrar sus últimos trabajos, convirtiéndose así en escaparate de las nuevas tendencias decorativas.
Hasta mediado del siglo pasado las buhardillas no eran apreciadas por nadie, sólo los más pobres e indigentes se atrevían a vivir en ella obligados por las circunstancias. Era un espacio olvidado, cuando no menospreciado por la inmensa mayoría de la población. Debido a su formas irregulares y casi siempre poco accesibles, se utilizaba fundamentalmente como trastero o almacén de trastos viejos.



